Troumaka, San Vicente y las Granadinas. 22 de abril de 2013
El sábado 20 de abril hicimos una entretenida visita a Troumaka, un pequeño pueblo ubicado en lo alto de una montaña en la ruta que va desde Chateaubelair hasta Kingstown (la capital de San Vicente y las granadinas), a escasos 20 minutos de Richmond Vale Academy. Cerca de las cuatro de la tarde llegamos todos los estudiantes e instructores de la academia. El lugar estaba desolado, sin embargo bajamos nuestros "macundales" y comenzamos a preparar las cosas en un salón que la escuela nos había cedido para las actividades... y llegaron dos o tres niños.
El sábado 20 de abril hicimos una entretenida visita a Troumaka, un pequeño pueblo ubicado en lo alto de una montaña en la ruta que va desde Chateaubelair hasta Kingstown (la capital de San Vicente y las granadinas), a escasos 20 minutos de Richmond Vale Academy. Cerca de las cuatro de la tarde llegamos todos los estudiantes e instructores de la academia. El lugar estaba desolado, sin embargo bajamos nuestros "macundales" y comenzamos a preparar las cosas en un salón que la escuela nos había cedido para las actividades... y llegaron dos o tres niños.
Seguimos preparando las cosas (los macundales) y de repente, ya estaban ayudándonos 7 u 8 niños. Mesas por aquí, sillas por allá y así, poco a poco nuestro espacio comenzó a adquirir forma, color y sonidos, pues, como por arte de magia, minutos después ya eran una veintena de "chamitos" (chavales, chavos, quinchos o pibes) los que nos rodeaban, correteaban o ayudaban a colocar afiches, a barrer o a dar los toques finales a la disposición de las mesas.
Para el momento de comenzar nuestra tarde de alegría con los más pequeños ya estábamos contagiados con el entusiasmo de más de sesenta niños que disfrutaron el juego de dominó con Luna y Carla; la competencia de aviones de papel que ideó Martin; las clases de guitarra impartidas por Oscar y las de tambor impartidas por Selly; o el minicurso de elaboración de pulseras por parte de Jinny y Olimpia; el club de tijeras con Gana y Beata; la mesa donde Farruk, Alex y Yi Ping armaban puzles (rompecabezas) o los expertos en origami en que Hwi convirtió a unos cuantos pequeños.
Fue una tarde increíblemente hermosa porque todos esos niños hicieron que cada uno de nosotros reviviera aquellos años de nuestras vidas en los que la alegría, el entusiasmo, el optimismo y la energía eran la norma. La época más feliz de nuestras vidas, acaso lo que debería ser el estado natural del ser humano. Cuando nos despedimos muchos de ellos nos dieron las gracias sin saber que los agradecidos éramos nosotros, por habernos hecho olvidar lo adulto que somos y recordar lo niños que debemos ser.
Oscar Manuel Romero.


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